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Trans, travesti, drag queen: una guía para entender de una vez por todas las diferencias

Drag y trans: dos realidades

Es difícil abrir un periódico, ver un programa de televisión o desplazarse por un feed de noticias sin toparse con estos tres términos. Sin embargo, se utilizan de forma tan indiscriminada que la mayoría de la gente sería incapaz de definir con precisión qué distingue a una mujer trans de una drag queen, o a una drag queen de un travesti.

Esto no es una crítica: la confusión se ha perpetuado durante décadas por culpa de unos medios de comunicación que, en realidad, tampoco entendían bien el tema. El resultado: identidades borradas, experiencias invalidadas y muchos malentendidos evitables. Esta guía lo explica todo con claridad, sin jerga ni condescendencia.

La misma apariencia, realidades radicalmente diferentes

Lo que alimenta la confusión es que las personas trans, los travestis y las drag queens a veces comparten una apariencia similar a primera vista: códigos de vestimenta, maquillaje y una relación poco convencional con los marcadores habituales del género masculino o femenino. Un observador apresurado podría pensar que está viendo lo mismo.

Pero la apariencia es solo superficial. Lo que hay debajo es fundamentalmente diferente en cada caso. Una persona trans expresa una identidad. Un travesti explora una forma de expresión. Una drag queen crea una actuación artística. Se trata de tres niveles distintos —identidad, expresión y arte— que no se solapan necesariamente, aunque a veces sí lo hagan.

A esto se suma una compleja historia mediática. Durante décadas, la palabra «travesti» se utilizó indiscriminadamente para referirse a todo: mujeres trans, drag queens y hombres que se visten de mujer los fines de semana. Esta conveniente abreviatura ha dejado una profunda huella en el lenguaje cotidiano. Y más recientemente, la popularidad mundial de *RuPaul’s Drag Race* ha llevado a las drag queens a la cultura dominante, al tiempo que ha difuminado los límites de lo que realmente son. Mucha gente cree ahora que «drag queen» es sinónimo de «trans», lo cual es falso en ambos sentidos.

Ser trans: una identidad, no un disfraz

Una persona transgénero experimenta una desconexión profunda y duradera entre el género que se le asignó al nacer —basado en sus características biológicas— y el género que experimenta como propio. Esta desconexión no tiene que ver con un atuendo, una actuación o un capricho pasajero. Es una experiencia íntima que es fundamental para la identidad de la persona y que existe independientemente de cualquier actuación.

La transición de una persona trans puede adoptar muchas formas diferentes: social (adoptar un nuevo nombre de pila, nuevos pronombres o un nuevo estilo cotidiano), médica (terapia hormonal, cirugías) o ambas. También puede no implicar ninguna de estas opciones; algunas personas trans no desean o no pueden realizar una transición médica, y, aun así, siguen siendo trans. La identidad trans no depende de una cirugía, un certificado o un cambio en el estado civil.

En cuanto a la terminología: «transgénero» es actualmente el término más común e inclusivo. «Transexual» es un término más antiguo, procedente del contexto médico y psiquiátrico del siglo XX, que muchas personas trans consideran que patologiza su identidad. Todas las personas transexuales son transgénero, pero no todas las personas transgénero son transexuales; es importante tener en cuenta esta distinción. En caso de duda, «trans» o «transgénero» son términos adecuados en casi cualquier contexto.

Ser trans tampoco es una orientación sexual. Una mujer trans puede ser heterosexual, lesbiana, bisexual o queer. Su identidad de género y su atracción sexual son dos cosas totalmente distintas. Este es uno de los conceptos erróneos más persistentes —y más reduccionistas—. Si esta diversidad te atrae, las modelos trans de XloveCam® ofrecen una amplia variedad de perfiles para interacciones abiertas y seguras.

Travestismo: expresión personal sin cambio de identidad de género

El travestismo se refiere a llevar ropa socialmente asociada a un género distinto al que se nos ha asignado. Un hombre que se viste de mujer para salir por la noche, o habitualmente en privado, está practicando el travestismo. Una mujer que adopta deliberadamente un estilo de vestir muy masculino por razones similares también lo está haciendo.

Lo que distingue fundamentalmente a una persona que practica el travestismo de una persona transgénero es que el travestismo tiene que ver con la expresión, no con la identidad fundamental. Un hombre que practica el travestismo, por lo general, siempre se identifica como hombre. No siente ninguna discordancia con el género que se le asignó al nacer: encuentra placer, relajación o una forma de exploración al llevar ropa de mujer. Esto no es ni una patología ni un indicio de identidad trans. El concepto central del travestismo es el del disfraz o la exploración, un concepto ausente en la identidad transgénero, donde nada es temporal ni puramente sartorial.

El travestismo tampoco dice nada sobre la orientación sexual de una persona. Los hombres heterosexuales, homosexuales o bisexuales pueden vestirse con ropa del sexo opuesto. La confusión entre el travestismo y la homosexualidad es un prejuicio infundado que persiste. Además, el travestismo puede practicarse de forma ocasional o habitual, en público o en privado, abiertamente o con discreción: no existe un único perfil típico.

Por último, la palabra «travesti» se ha utilizado de forma peyorativa en el pasado, sobre todo como insulto. Algunas personas prefieren «crossdresser» (un término común en inglés dentro de la comunidad) o simplemente «una persona que se viste con ropa del sexo opuesto». Otras aceptan el término. Como suele ocurrir, depende de cada persona decidir cómo se identifica.

La drag queen: un arte escénico, no una identidad

Una drag queen es, ante todo, una artista. Adopta un personaje femenino deliberadamente exagerado —trajes extravagantes, maquillaje hiperbólico, pelucas voluminosas, tacones estratosféricos— como parte de una actuación escénica. Lo que define el drag es la intención artística y teatral: parodiar, magnificar o subvertir los códigos de la feminidad para crear un espectáculo. El exceso no es casual: es precisamente el objetivo.

La mayoría de las drag queens son hombres cisgénero, es decir, hombres cuya identidad de género se corresponde con el género asignado al nacer. Fuera del escenario, viven y se presentan como hombres. El personaje drag es un papel que encarnan mientras dura la actuación: un alter ego artístico, no una identidad permanente. Esto es lo que distingue claramente a una drag queen de un travesti (cuya práctica es personal, no necesariamente representada en el escenario) y de una persona transgénero (cuya identidad no depende de ninguna actuación).

Dicho esto, las mujeres trans, las mujeres cisgénero, las personas no binarias y las personas de todos los géneros pueden ser drag queens. El drag es una forma de arte abierta. Lo que lo define es la actuación y la elección deliberada de la exageración, no el género de la persona que lo encarna. También existen los drag kings —artistas que adoptan una personalidad masculina exagerada—, así como formas no binarias de drag que rompen con las categorías binarias.

La cultura drag está profundamente arraigada en la comunidad queer. Tiene sus orígenes en los «ballrooms» neoyorquinos de los años setenta y ochenta, espacios de libertad creados por las comunidades negras y latinas en los márgenes de la sociedad. Desde 2009, *RuPaul’s Drag Race* ha dado a conocer esta forma de arte a nivel mundial, pero también ha contribuido a normalizar una versión muy edulcorada de la misma, muy alejada de la diversidad y el radicalismo de sus orígenes.

Tres realidades, un punto en común

Trans, travesti, drag queen: a pesar de sus profundas diferencias, estas tres realidades comparten algo esencial. Todas ellas desafían, a su manera y en grados muy distintos, las rígidas normas que la sociedad ha construido en torno al género. Demuestran que las fronteras entre lo masculino y lo femenino son menos impermeables de lo que el sentido común nos haría creer.

También comparten una historia común de estigmatización, represión legal y médica, y la lucha por la visibilidad. Confundirlas es borrar esta historia y pasar por alto la naturaleza específica de cada lucha. Respetarlas por lo que son es un primer paso hacia una visión del mundo un poco menos binaria.

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Atraer a las mujeres transexuales

Preguntas frecuentes

¿Puede una persona trans ser drag queen?

Sí, por supuesto. Una persona trans puede practicar el drag como forma de arte, igual que cualquier otra persona. Su identidad de género y su práctica artística son dos cosas distintas. Algunas mujeres trans son drag queens y están orgullosas de ello; otras creen que el drag refuerza los estereotipos sobre la feminidad que les resultan dolorosos. Ambas perspectivas coexisten dentro de la comunidad trans.

¿Está el travestismo relacionado con la orientación sexual?

No. Este es uno de los conceptos erróneos más persistentes sobre el tema. El travestismo es una forma de autoexpresión a través de la ropa que no dice nada sobre la atracción sexual o romántica de una persona. Un hombre heterosexual puede travestirse, al igual que un hombre gay o bisexual. La expresión de género y la orientación sexual son dos dimensiones independientes.

¿Qué es un «drag king»?

Un drag king es el equivalente masculino de una drag queen: un artista que adopta un personaje masculino exagerado sobre el escenario, con barba postiza, ropa hipermasculina y gestos masculinos excesivamente exagerados. Los drag kings reciben mucha menos atención mediática que las drag queens, pero su práctica está igual de arraigada en la cultura queer y es igual de subversiva en su lógica.

¿Deberíamos decir «transexual» o «transgénero»?

Actualmente se prefiere el término «transgénero» en la gran mayoría de los contextos. Es más inclusivo, no presupone una transición médica y no hace referencia al legado psiquiátrico del término «transexual». Algunas personas siguen utilizando «transexual» para referirse a sí mismas y, en esos casos, debemos, por supuesto, respetar su elección. Pero en el uso general, «trans» o «transgénero» es la opción más segura y ampliamente aceptada.

¿Puede alguien que no es binario ser una drag queen?

Por supuesto. El drag no está reservado a las personas binarias. Las personas no binarias practican el drag de muy diversas formas, jugando con los códigos masculinos y femeninos, mezclándolos o rompiéndolos deliberadamente. De hecho, el drag es uno de los espacios artísticos en los que el desafío a la binariedad de género se expresa con mayor libertad e inventiva.

Acerca del autor Pamela Dupont
Mientras escribía sobre las relaciones y la sexualidad, Pamela Dupont encontró su pasión: crear artículos cautivadores que exploren las emociones humanas. Cada proyecto es para ella una aventura llena de ganas, amor y pasión. A través de sus artículos busca llegar a sus lectores ofreciéndoles perspectivas nuevas y enriquecedoras sobre sus propias emociones y experiencias.

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