Seducción

Noviembre, el mes de los balances sentimentales: entre ganas de cocooning y necesidad de libertad

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Entre dos chocolates calientes y un cielo gris perla, noviembre es ese momento extraño en el que uno tiene ganas tanto de amar como de mandarlo todo al diablo. Algunos se acercan, otros cortan puentes.

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Photo Helena Lopes

¿Y si detrás de todo esto hubiera un verdadero mecanismo — hormonal, emocional, social — que dirige nuestros corazones de otoño?

El amor en modo manta: un concepto no tan nuevo

El otoño puede oler a lluvia y hojas muertas, pero es una temporada hirviente del lado del corazón.
Los científicos coinciden en que a medida que los días se acortan, nuestros deseos de proximidad aumentan. El frío activa una necesidad de calor psicológico, y noviembre es el apogeo de este fenómeno. El cuerpo segrega más melatonina, la hormona del reposo y la serenidad, y menos serotonina, la molécula del bienestar y la sociabilidad. ¿El resultado? Un deseo irresistible de anidar y buscar confort en los brazos de otro — o en un buen libro y una bebida caliente.

Pero este instinto de cocooning tiene otra cara. A medida que los días se acortan, algunos sienten también el impulso de liberarse. El capullo se convierte en una prisión si no es elegido. Noviembre es el mes en el que nos preguntamos: ¿xquiero este calor o quiero aire?

La presión social de la época de las fiestas

Noviembre es el preludio a la frenesí de la Navidad y las fiestas. Y seamos honestos: la presión social que se le asocia es real. El mensaje implícito de la temporada es: deberías estar con alguien, deberías ser feliz, deberías estar acogedor.

Esto puede provocar dos reacciones opuestas:

  • La búsqueda desesperada de una pareja: el miedo a estar solo durante las fiestas empuja a algunos a aceptar relaciones que ya no les sirven, o a entrar en otras nuevas por puro desespero;
  • El rechazo radical del sistema: otros, cansados de esta socialización forzada, eligen un camino más radical: dicen basta y prefieren la soledad, que encuentran liberadora.

Por debajo, siempre es la misma pregunta: ¿lué es lo que realmente necesito ahora? La respuesta no es siempre la misma — y eso es perfectamente normal.

Entre apego y desapego, hay elección

En este torbellino emocional, lo más importante es aprender a escucharnos a nosotros mismos. No lo que la sociedad nos dice, no lo que nuestros padres esperaban, sino lo que dicen nuestro cuerpo y nuestro corazón.

Algunos descubrirán que noviembre es el momento perfecto para reconectar con su pareja. El capullo se convierte en un lugar de intimidad, un refugio seguro donde las palabras son más fáciles y el silencio es cómodo. Las parejas que logran atravesar esta temporada delicada salen de ella fortalecidas, porque se han elegido unas a otras, no por obligación sino por deseo.

Otros se darán cuenta de que su necesidad de independencia es más fuerte que su miedo a la soledad. Y eso está bien también. A veces el acto de amor más valiente es admitir: «No quiero compartir mi invierno con nadie, y no necesito.»

Lo importante es que esta decisión venga de un lugar de autocomprension, no de miedo o desesperación. Un capullo elegido es un capullo de amor, incluso si es solo uno mismo.

La lección de noviembre: escuchar tu termostato interior

Este mes es, en última instancia, una invitación a escuchar nuestro termostato interior. ¿Cuándo estamos lo suficientemente fríos como para buscar refugio? ¿Cuándo estamos demasiado calientes y necesitamos espacio? La belleza de noviembre es que no juzga: solo nos recuerda que ambas necesidades son legítimas.

Así que ya estés en brazos de alguien o solo bajo una manta, aprovecha este mes para escuchar tu termostato interior.
Y si, en el fondo, la verdadera historia de amor de noviembre… era la tuya?

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