¿Mejor que el 69? Aquí te decimos por qué te volverá adicto. El 69 ha reinado durante mucho tiempo en el reino del sexo oral. Pero un nuevo pretendente ha entrado en escena, listo para destronar a este clásico un poco… vintage. ¿Su nombre? El 68.

El 69 está bien. Forma parte del kit básico del explorador sexual. Pero el 68… ¡Ah, el 68… es el nivel de arriba. El nivel gourmet. El que pocas parejas se atreven a probar, pero que, una vez probado, deja una marca en la memoria erótica. Y un ardiente deseo de volver allí. Menos conocido, más egoísta, infinitamente más intenso. Y si nunca lo has probado, prepárate para reescribir tu top 3 de los placeres orales. Atención, este artículo puede provocar unas cuantas cosquillas debajo del cinturón. Saca los pañuelos.
El 68 : donde todo empieza (y termina)
Aún recuerdo la primera vez que probé esta variante. En aquel entonces, estaba convencida de que el 69 era la apoteosis del sexo oral: justo, simultáneo, un verdadero acuerdo ganar-ganar. Y luego, una noche, por diversión, improvisamos lo que aún no sabía llamar el 68.
La ganas de verlo concentrado en mí, de sentir su aliento sin tener que gestionar mi propia parte del contrato. ¿Resultado? Un orgasmo diferente, más largo, más total. Y una lección: a veces, abandonar el „darlo todo al mismo tiempo» lo hace todo más intenso.
Desde entonces hablo de ello con frecuencia a mis amigos (los buenos), y la mayoría se ríe antes de probarlo. Después… ya no se ríen más. Suspiran. A menudo.
¿Qué es exactamente el 68?
Imagina el 69, pero en versión concentrada. El 68 es lo contrario del 69. Ya no hace falta malabarismar entre dar y recibir. Aquí, uno da todo, el otro recibe todo. Sin equilibrio, sin compromiso. Solo placer unilateral… pero que te volará la cabeza (y no solo en sentido figurado). Esta asimetría es todo menos egoísta: es pura concentración. Un único objetivo, un único cuerpo, un único escalofrío.
Para quien da, es casi placentero ver a su pareja completamente entregada, ofrecida, relajada. ¿Para quien recibe? Es un sumergirse: sin pensar, sin manos que coordinar, solo placer y la sensación de perder el control.
Recuerdo a un amante más joven que me dijo después de un 68: «Tuve la sensación de tragarte entera.« En aquella época me hizo reír. Hoy veo exactamente lo que quería decir.
Concretamente, el 68 es:
👉 una persona que se tumba boca arriba, relajada, ofrecida.
👉 la otra que se tumba boca abajo encima, espalda contra pecho, cabeza justo a la altura correcta.
👉 Y ahí empieza. Un único objetivo: dar un orgasmo oral de una intensidad capaz de hacer temblar el colchón.
«El 69 está bien. Pero a veces solo tengo ganas de que se relaje y disfrute. Con el 68, no tiene opción.»
— Thomas, 38 años
¿Por qué es terriblemente excitante?
Porque el 68 es la fantasía del abandono. Quien recibe está literalmente acostado sobre su pareja, totalmente vulnerable. No tiene nada más que hacer que orgasmarse. Sin manos que gestionar, sin boca ocupada en otro lado. Solo disfrutar.
¿Y para quien da?
- Una vista impagable.
- Acceso total.
- Poder erótico multiplicado, en modo rey o reina del placer.
Aquí es donde el 68 supera al 69: la intensidad se decuplica. Sin interrupciones para gestionar las propias sensaciones. Todo está concentrado en el otro. Y paradójicamente, puede ser aún más placentero psicológicamente.
Cómo practicar la posición del 68 (sin acabar en osteopatía)
Modo de empleo detallado
- Prepara el terreno. Sábanas limpias, ambiente cálido, cojines si hace falta. La comodidad es la base. Evita el sofá demasiado estrecho (probado, no aprobado).
- Acuéstate boca arriba. Bien recto, brazos a lo largo del cuerpo o apoyados sobre los muslos. Estamos aquí para disfrutar, no para hacer sentadillas.
- Invita a tu pareja a subirse encima de ti. Él/ella se acuesta boca arriba, cabeza hacia tus piernas, piernas dobladas a cada lado de tu cara. La cabeza justo a la altura correcta para explorar todo: vulva, clítoris, pene, testículos, perineo… Vista panorámica garantizada.
- Colócate bien. Tu boca debe poder alcanzar fácilmente sus zonas íntimas sin tener que levantar demasiado la cabeza.
- Explora. Labios, lengua, manos… todo está permitido. Clítoris, vulva, pene, glande, testículos, perineo, ano… según vuestras ganas. Las manos libres abren un campo infinito de caricias y estimulación digital o con juguetes eróticos. Diviértete. El objetivo es tomarse su tiempo, variar la presión, sorprender. Puedes incluso llevar un juguete erótico, un lubricante, un cubito de hielo… Lo hice una vez: aún tengo el sabor de aquel escalofrío en un rincón de mi memoria.

Las precauciones a conocer
🔴 Peso y comodidad. Quien está abajo soporta todo el peso del otro. Si vuestras morfologías son muy diferentes, ajustad la postura:
- La persona de arriba puede apoyar las manos o los antebrazos en la cama para aliviar a la pareja.
- Puedes añadir un cojín bajo la zona lumbar para colocar mejor la cabeza.
🔴 Flexibilidad. No hace falta ser gimnasta, pero un mínimo de movilidad cervical y lumbar es recomendable. Si tira, detente antes de lesionarte algo (nada menos sexy que una ida a urgencias un sábado por la noche).
Por qué el 68 es adictivo (y por qué volveréis a él)
Porque es intenso, visual, animal y tierno a la vez. Porque invierte la mecánica habitual del sexo oral haciéndola totalmente asimétrica. Porque obliga a quien recibe a soltarse, a entregarse completamente al hambre del otro.
Y también porque es un excelente preludio… que puede ser suficiente por sí solo.
¿Sin penetración? Sin problema. Después de un 68 bien llevado, la única cosa que querrás hacer es… empezar de nuevo.
«Pensaba que lo había probado todo. El 68 me reconcilió con el sexo oral. Es animal, poderoso, y me hace sentir invencible.»
— Karim, 29 años«Me vi masturbarme sin complejo. Él me sostenía, apenas respiraba, y era como si tuviera todo el poder. Y al mismo tiempo, cero control.»
— Julie, 33 años
¿Un último consejo de gourmet?
No te quedes ahí. Si pruebas el 68, sabórealo hasta el final, luego tómate un minuto para recuperar el aliento. Y continúa con otra cosa. Un beso largo. Una penetración lenta. O una segunda ronda, pero invertida.
Porque el 68 es genial por una razón simple: está hecho para ser intercambiado. Una vez tú, una vez yo. Sin cálculo. Sin simetría forzada. Solo placer al ping-pong. Y a veces, eso basta para reiniciar todo lo que pensabas saber sobre sexo oral.
Palabra final
El 68 no es solo una posición. Es una mentalidad. La de dar sin esperar nada a cambio, y recibir sin culpabilizarse. Es el arte de la degustación sexual en su apogeo. Entonces esta noche, olvida Netflix, y prueba antes el „69 menos uno.» Verás, a veces, es aún mejor.
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