Psicología

Pareja: cómo evitar una ruptura

No siempre es fácil cuando se está en pareja, pero ¿cómo distinguir entre una pequeña mala racha y la ruptura que está a la vuelta de la esquina? Cuando el menor problema se convierte en una pelea, ¿es una señal del declive de la pareja?

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El patrón clásico de la relación hasta la ruptura

En una relación de pareja suele haber 3 fases. En primer lugar, lo que suele denominarse fase de luna de miel. Es cuando todo es idílico. Nos descubrimos el uno al otro y lo único que queremos es pasar el mayor tiempo posible juntos. Esta fase puede durar más o menos tiempo. Luego viene la vuelta a la realidad. Empezamos a ver las cosas con más claridad, quitando el filtro que teníamos ante los ojos. La realidad nos alcanza, y con ella se instala la rutina. Las discusiones se apoderan de nosotros, la vida cotidiana se vuelve menos divertida. Esto conduce inevitablemente a la ruptura, la fase final de la relación. ¿Inevitablemente? Quizás no. Porque es posible evitar este patrón clásico.

Construir una pareja es un trabajo duro

Miremos donde miremos, vemos cuánto esfuerzo cuesta construir una relación que se adapte a todos. Es perfectamente normal ser un poco diferentes el uno del otro, aunque tengamos mucho en común. Así que tenemos que adaptarnos mucho los unos a los otros. Esto generará muchas frustraciones. Éstas pueden deberse a un sentimiento de soledad por parte de uno de los miembros de la pareja, a una carga mental demasiado pesada o incluso a una diferencia de libido. No hay límites para los puntos de tensión, y la elección es amplia.

Pero las discusiones son algo temido en las parejas. Es fácil imaginar que es un signo del declive de la pareja. Es difícil aceptar este cambio en una relación en la que todo iba tan bien hasta ahora. De repente, sientes el peso de los pequeños desacuerdos, se acumulan, es todo lo que puedes ver. Y nos imaginamos que nuestra relación seguirá los pasos de las anteriores, desembocando en una ruptura. Ya lo estamos anticipando, y eso nos entristece aún más y nos hace más impotentes.

El problema es que tememos que las frustraciones que se acumulan en una relación nunca desaparezcan. Estamos dispuestos a resignarnos a aceptarlo, pero cada discusión destruye nuestra voluntad. El problema es que no pensamos, sino que tendemos a reaccionar. Esto hace que los conflictos sean imposibles de resolver.

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Comprender las discusiones para evitar las rupturas

Si quieres evitar una ruptura, tendrás que averiguar cuál es la raíz de las discusiones y evitar ciertas palabras fatídicas. Porque la relación puede salvarse, pero para ello tienes que alejarte de esos sentimientos desagradables. En primer lugar, tienes que entender cómo funciona la relación. ¿Por qué hay muchas menos discusiones (si es que hay alguna) al principio de una relación? Sencillamente porque lo que está en juego es muy poco. Lo estáis intentando, aún no estáis demasiado comprometidos, y si no funciona, podéis separaros sin salir heridos. Sin embargo, a medida que la relación avanza, construís algo, aparecen los sentimientos.

Además, la influencia que habéis desarrollado el uno sobre el otro puede hacer que os sintáis amenazados. A veces se reabren heridas del pasado. Es más fácil reaccionar en el momento, diciéndose cosas que no siempre son muy agradables, y de las que la mayoría de las veces te arrepientes. A veces incluso huimos de la relación, por simpleza. Cuando en realidad deberíamos cuestionarnos nuestros propios patrones. ¿Por qué reacciono como lo hago?

Para los psicólogos, el conflicto representa una oportunidad en una relación. Son todas las heridas, decepciones y otras experiencias dolorosas que hemos acumulado en nuestra infancia las que generarán nuestras reacciones de adultos. Podemos creer erróneamente que han desaparecido, pero estas heridas permanecen acechando en un rincón y nos impulsan a actuar negativamente. Se suman a nuestras frustraciones, y a veces incluso las acentúan.

Por eso es tan importante trabajar sobre los orígenes de estas frustraciones y nuestras reacciones ante ellas. Puedes elegir hacer este trabajo solo o en colaboración con un terapeuta. Él o ella podrá descifrar todo esto y ayudarte a permitirte sentir tus penas y decepciones en lugar de huir de ellas. Porque al huir de las emociones negativas, también te estás privando de las positivas. Así que permitirte llorar sentará una buena base para una relación feliz.

Acerca del autor

Pamela Dupont

Mientras escribía sobre las relaciones y la sexualidad, Pamela Dupont encontró su pasión: crear artículos cautivadores que exploren las emociones humanas. Cada proyecto es para ella una aventura llena de ganas, amor y pasión. A través de sus artículos busca llegar a sus lectores ofreciéndoles perspectivas nuevas y enriquecedoras sobre sus propias emociones y experiencias.

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