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Masculinidad y virilidad en el mundo árabe

Masculinidad y virilidad en el mundo árabe

La masculinidad en el mundo árabe descansa en pilares como el honor, la protección y la responsabilidad económica ante la familia. Lejos de ser rígida, esta identidad se expresa a través de un mosaico de tradiciones regionales de Oriente Medio. Tradicionalmente, la masculinidad se definía por el papel del hombre como garante de la estabilidad del hogar.

Durante mucho tiempo, esta masculinidad se basó también en la moderación. En una forma de estar de pie, de mirar, de contener las emociones y los deseos. El cuerpo masculino, discreto pero presente, imponía una autoridad silenciosa. Esta tensión entre control y deseo, entre lo que se muestra y lo que se calla, ya formaba parte del imaginario viril.

Hoy, este modelo clásico se enfrenta a profundos cambios. La rápida urbanización, la hiperconectividad y los cambios en los roles de género, marcados por la emancipación profesional de la mujer. Estas dinámicas están sacudiendo las definiciones del pasado y cuestionando la esencia misma del papel de proveedor.

Este artículo explora cómo se está remodelando el concepto de masculinidad, dando lugar a nuevas expresiones de identidad.

Masculinidad y virilidad en el mundo árabe

Los fundamentos culturales de la masculinidad tradicional

Lamasculinidad tradicional se estructuraba en torno a valores cardinales que determinaban la valía social y el reconocimiento comunitario de un hombre. Estos conceptos se basan en un código de conducta exigente, centrado en el deber y la integridad personal.

Honor, protección y dignidad personal

En el corazón de la masculinidad subyace una ética personal del honor. Este sharaf (término cultural para el honor) no es sólo una cualidad individual, sino que compromete la percepción que la comunidad tiene del hombre como actor responsable. La masculinidad es así menos una cuestión de identidad secreta que de actuación social y moral. Al hombre se le confía la autoridad moral a cambio de su total responsabilidad de mantener y proteger a los suyos. Es un contrato tácito en el que la autoridad se subordina al deber.

Esta responsabilidad, percibida durante mucho tiempo como una carga, se expresaba también en la intimidad. Ser hombre significaba aprender a no ceder, a no exponerse, a no dejar ver los problemas. Sin embargo, detrás de esta disciplina ya existía el deseo, contenido, canalizado, a veces exacerbado por el propio silencio que lo rodeaba.

Esta protección se materializa en una vigilancia constante para garantizar la integridad física, moral y social de los miembros de su círculo familiar. Es el deber de proteger el Ird (la dignidad de la mujer en sentido amplio) lo que define en parte la dignidad del propio hombre. Mientras que el antiguo enfoque vinculaba cualquier daño externo a la vergüenza del linaje, la nueva interpretación ve esta responsabilidad como una fuerza impulsora de la capacidad de actuar positivamente en la esfera pública y garantizar un entorno estable. Al mismo tiempo, el hombre debe demostrar karama (nobleza, dignidad), que históricamente se manifestaba en una generosidad y una hospitalidad infalibles, símbolos de su nobleza de alma y de su capacidad para afirmar un poder social constructivo.

El papel del cuerpo y el autocontrol

La virilidad también se percibía a través de atributos físicos y de comportamiento específicos. El cuerpo masculino se valoraba no sólo por su fuerza física y su resistencia -cualidades necesarias para un trabajo exigente o para hacer frente a las dificultades de la vida-, sino también como sede del control emocional. En la cultura tradicional, el hombre ideal es aquel que no traiciona ni la debilidad ni la emoción excesiva en público. El estoicismo y la capacidad de aguantar sin quejarse se consideran sellos de madurez y fuerza interior.

Este control del cuerpo y las emociones no era una ausencia de sensualidad, sino una sensualidad diferida. El deseo se leía en la postura, en la forma de ocupar el espacio, en su cercanía controlada. Una virilidad que seducía no tanto por la exhibición como por la tensión que creaba.

Además, la virilidad está cultural e históricamente vinculada al poder procreador y a la fertilidad. La capacidad de fundar y mantener una familia numerosa era sinónimo de éxito masculino y garantizaba la continuidad del linaje. Estas expectativas sitúan la fertilidad y la responsabilidad de la descendencia en el centro de la identidad masculina, subrayando el papel del hombre en el anclaje de la familia en el tiempo.

Adaptar la identidad a los cambios contemporáneos

Hoy en día, laidentidad masculina tradicional, centrada en la figura del proveedor exclusivo y único protector, se está recomponiendo ante realidades económicas y sociales que han transformado los fundamentos del honor y la autoridad masculinos. Estos cambios no son una fuente de decadencia, sino más bien un catalizador de modernización.

Cuando estos equilibrios tradicionales empiezan a resquebrajarse, no sólo se tambalea el orden social, sino también la intimidad masculina. Surge la duda. Y con ella, una nueva forma de deseo, menos de dominación que de estar presente, escuchar y prestar atención a los demás.

La redefinición positiva del papel de proveedor

Los retos económicos, como el desempleo estructural en muchos países, están golpeando duramente la antigua definición de la identidad masculina. Históricamente, el papel de proveedor económico era la base de la autoridad masculina. Sin embargo, la incapacidad de encontrar un empleo estable o de mantenerse a sí mismo, lejos de ser una fuente de frustración, está iniciando una reflexión positiva y profunda sobre la naturaleza del éxito.

Esta realidad está obligando a las personas a redefinir su valía más allá del prisma material. Les está obligando a desarrollar y valorar otras formas de contribución a la familia y a la sociedad: la tutoría, el apoyo emocional, las habilidades no monetarias o la implicación en la comunidad. El éxito profesional ya no es la única medida de virilidad; ahora se trata de la capacidad de adaptarse, innovar y mantener la integridad a pesar de las limitaciones económicas.

La aparición de nuevas asociaciones equilibradas

El espectacular aumento del nivel educativo de las mujeres y su exitosa integración en el mercado laboral están sacudiendo positivamente el orden de género establecido. Cuando la esposa o la hermana se convierten en un apoyo financiero indispensable, no se cuestiona la masculinidad como tal, sino la rigidez de la jerarquía tradicional.

Estos cambios obligan a los hombres a pasar de un modelo de dominación a un modelo más equitativo y moderno de asociación doméstica y conyugal. La negociación del espacio familiar, el reparto de las tareas domésticas y la codecisión financiera se convierten en la nueva norma. La masculinidad encuentra una nueva fuerza en esta capacidad de colaborar, escuchar y compartir responsabilidades, enriqueciendo la vida familiar y permitiendo a los hombres explorar dimensiones de la identidad antes reservadas a las mujeres, como la intimidad emocional y la inversión parental.

En estos nuevos equilibrios, el lenguaje de la seducción cambia. Ya no depende únicamente de la posición o del papel, sino de la capacidad de compartir, de dialogar, de estar emocionalmente disponible. El deseo nace en el intercambio, en el reconocimiento mutuo, en una tensión más sutil pero más profunda.

Masculinidad y virilidad en el mundo árabe

Enriquecimiento mediante la individualización y la autenticidad

Más allá de la esfera doméstica, están surgiendo expresiones masculinas más diversas y matizadas en los espacios culturales y digitales, que denotan un deseo de autenticidad e individualización.

Rechazo de la austeridad y autoexpresión

El desarrollo de nuevas expresiones estéticas -que van desde el dandismo a una mayor fluidez en el vestir- rompe con la austeridad y el conformismo que antaño exigía el ideal masculino. Estas tendencias fomentan la individualización, permitiendo a los hombres elegir su estilo y expresión sin temor a ser juzgados por su hombría. Las redes sociales y las plataformas artísticas ofrecen espacios para experimentar y celebrar la diversidad de gustos e identidades.

Esta nueva libertad también permite al cuerpo masculino mostrarse de otra manera. Menos rígido, menos encerrado en un único papel. El estilo, el atractivo y el lenguaje corporal se convierten en formas de expresar el deseo. Una masculinidad más fluida, más consciente, a menudo más inquietante.

La aceptación de la vulnerabilidad masculina es quizá el contra-discurso más poderoso de esta transformación. Al desmantelar la exigencia cultural de estoicismo y fortaleza inquebrantable, los hombres están descubriendo la fuerza en la honestidad emocional. Ser capaz de mostrar las propias dudas, compartir los propios miedos y expresar el propio afecto no se ve ahora como una debilidad, sino como una marca de madurez psicológica y autenticidad.

Por último, la ampliación de la definición de lo que significa ser hombre en la cultura contemporánea permite una identidad masculina más amplia, inclusiva y tolerante, que honra el valor de la diferencia.

Quizás el erotismo más fuerte hoy en día resida en esta masculinidad en transición. Una masculinidad que ya no busca demostrar, sino sentir. Una masculinidad que acepta el desorden, la incertidumbre y a veces incluso la vulnerabilidad como parte integrante del deseo.

En definitiva, la masculinidad árabe se encuentra en una encrucijada decisiva, donde las tensiones entre tradición y modernidad están generando una profunda reinvención. El desmoronamiento del papel de proveedor exclusivo frente a las realidades económicas y la integración de la mujer en la esfera pública han obligado al modelo masculino histórico a recomponerse de forma constructiva.

Los espacios digitales, las nuevas formas de expresión cultural y el deseo de autenticidad impulsan ahora una transformación que es, en esencia, un inmenso enriquecimiento. Este proceso, aunque complejo y exigente, está dando lugar al surgimiento de una identidad masculina más diversa, afectiva, adaptable y madura.

Acerca del autor

Pamela Dupont

Mientras escribía sobre las relaciones y la sexualidad, Pamela Dupont encontró su pasión: crear artículos cautivadores que exploren las emociones humanas. Cada proyecto es para ella una aventura llena de ganas, amor y pasión. A través de sus artículos busca llegar a sus lectores ofreciéndoles perspectivas nuevas y enriquecedoras sobre sus propias emociones y experiencias.

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